Go to Top

Concepción: Un ejemplo de fortaleza (primera parte)

Palabras de la persona que realiza la entrevista:

A: Acudí a una librería por un libro de cuidados paliativos, un libro muy bueno por cierto que en su momento comentaré. A la hora de pagar el libro me encontré con uno más. “Una nueva vida” de Concepción González cuando leí la sinopsis solamente dije “también me lo llevo”. Me senté en una cafetería contigua a la librería y leí casi la mitad, el café fue víctima de la temperatura de la segunda semana de enero. Al día siguiente lo terminé de leer.

Un joven de tan solo 18 años de edad portador de leucemia daba testimonio con sus palabras,  a lo largo de la enfermedad. La familia por su parte vivía todas las etapas de este camino.

Fue entonces cuando decidí mandarle un correo electrónico a la autora, testimonio que afortunadamente se logró y transmitimos a continuación.

 

A: Concepción, muchas gracias por concedernos esta entrevista, ésta es tu casa y es tu espacio. Antes de entrar de lleno en el libro, ¿quién eras  antes de esta obra?

C: Una joven educadora de 18 años con ganas de formar una familia y tener muchos hijos.  Conocí a Gabriel, el papá de Gerardo tiempo atrás. Tuve una prima que murió dejando 3 hijos, de 4, 2, y 1 año respectivamente. Cuando enviudo el frecuentaba mi casa pues era amigo de mis hermanos, entonces se ofreció a ayudarme con mi tesis, la convivencia aumentó y me enamoré.  Hoy te puedo decir que más que una esposa,  Gabriel encontró en mí, el sustituto para la madre de estos pequeños, nos casamos, tuvimos cuatro hijos, el tercero nació con atelectasia pulmonar, vivió sólo 24 horas, la actitud de Gabriel ante el hecho, su falta de empatía con mi sufrimiento confirmaban su falta de amor  y el tiempo hizo lo demás.  No era feliz,  inclusive caí en depresión, un intento suicida (presenciado por Gerardo mi cuarto hijo de tan solo dos años)  fue un parteaguas en  mi vida. Si, este evento, me llevó a buscar recuperar la autoestima, inicié una terapia, regresé al trabajo al que había renunciado como maestra, y decidí divorciarme.  Años más tarde me casé con Alfonso.  Trabajé como maestra y coordinadora en una escuela de donde salí para “disfrutar la maternidad” con el que sería el último de mis hijos, el segundo con Alfonso, aunque esa era mi intención al año fuimos invitados a participar en la creación de una escuela de la que fui directora hasta la enfermedad de Gerardo. Disfrutaba mi trabajo y a mi familia, seguía teniendo  relación con terapeutas pues me habían diagnosticado depresión endógena lo que fue despertando en mí un interés en la materia.

A: La enfermedad e Gerardo tu hijo: ¿Cómo se enteran de una leucemia?

C: Cómo leíste,  Gerardo estaba en casa de su papá, un médico, vecino y amigo de  Gabriel le había mandado estudios de sangre y lo remitió con un médico hematólogo. El siguiente fue un fin de semana que no olvidaremos. El Doctor Bonifaz acudió a mi casa a darnos la noticia de la forma más humana y amorosa posible, noticia que recibimos con dolor desesperación e impotencia, sin embargo la calidez del doctor nos daba el apoyo y seguridad que necesitábamos en esos momentos, su presencia, que siempre agradeceré, era una luz en esa terrible  oscuridad en la que caímos. Siempre pensando y actuando a favor de mi hijo explicando detalladamente los pasos a seguir, los riesgos y las consecuencias. Mostró una empatía incondicional a lo largo de la enfermedad, de ahí nació una gran amistad que se ha mantenido a través del tiempo.

La batalla empezó, Quimioterapias, y después la devastadora radioterapia. El no quiso darse de baja de la escuela, continuó asistiendo cuando la enfermedad se lo permitía, hasta presentó sus exámenes finales aunque ya no veía bien, con un ojo tapado por un parche que le ayudaba a afinar la visión. Yo renuncié, mi misión era mi hijo, no había duda de ello.

A: Perdón que interrumpa, hemos publicado una entidad llamada síndrome del cuidador quemado (http://confidentiam.com.mx/medicina/que-es-el-sindrome-de-cuidador-quemado-burn-out) ¿Cómo te las arreglabas?

C: Fui cuidadora incondicional de mi hijo, Gerardo siempre fue reservado, por ello le  pedí que escribiese sus sentimientos, y lo hizo. Me decía: “mamá ya estoy escribiendo todo, dale una leída… Publícalo” Yo le respondía que cuando mejorara lo haríamos juntos… No tenía el valor para leer aquellos pensamientos. Te puedo decir que publiqué el libro como un recuerdo, como un acuerdo y en honor a la memoria de mi hijo.

Retomando tu pregunta, sí hubo momento de desesperación, pero no con mi hijo, sino ante la enfermedad, los sentimientos son intensos… a flor de piel… Un ejemplo de ello fue un ausentismo de su papa incapaz de enfrentar el hecho. Alfonso siempre apoyándolo, echándole porras, “literalmente”, al final se le dificultaba estar con él, era demasiado su sufrimiento ante el deterioro visible de Gerardo. En ocasiones durante sus últimos tratamientos directos a la médula espinal, iba acompañada por una amiga al hospital.

Una tía materna iba a la casa a jugar cartas con mi hijo cuando le pedía a otra amiga me acompañara a tomar un café o simplemente “salir a respirar”, era una válvula de escape en los momentos más difíciles (que no fueron pocos). Sus hermanos fueron una pieza clave, de apoyo y compañía, durante el proceso que vivimos.

A: En el libro se mencionan a muchos amigos de Gerardo. ¿A quiénes recuerdas con mayor presencia?

nueva vida 1

C: Adolfo Zúñiga, Gabriela Guerrero, “Mare”, amigos que inclusive me frecuentaron después de la muerte de Gerardo y a quienes estimo mucho. Isidro, Tito, Claudia… no podría mencionar a todos los que estuvieron ahí dando fuerza para seguir, también había los que iban a ver solamente, él lo detectaba y decía que le molestaba su actitud “vacía”

A: ¿La etapa terminal?

C: una etapa de bloqueo y negación, de búsqueda de más remedios y acción para lograr lo que decían imposible: su recuperación, ¿llevarlo a casa por qué no había más que hacer? ¿A qué madre le puedes decir eso sin que brote su instinto protector y confronte con rabia los límites humanos del médico que lo dice?, al menos yo, estaba convencida que alguien con más poder tenía la última palabra y decidí buscar el milagro?  Así fue, recurrí a la medicina alternativa y a todo lo que me recomendaban y en eso me perdí de acompañarlo y darle el consuelo, caricias, abrazos y compañía tranquila que necesitaba.

Gerardo nunca quiso hablar de sus condiciones sino en forma positiva. Te voy a recordar algo que viene en el libro.

Cuando me lo llevaba a casa por “máximo beneficio” me pidió que comprara una ramo de rosas blancas  ¡tenían que ser blancas!   Para darlas a cada enfermera del hospital que estuvo en contacto con él, así lo hice, recorrí todas las florerías de la zona hasta que las conseguí. De su boca “Les doy está rosa para que se acuerden de mí”.

El paciente lo sabe y a veces no es necesario hablar mucho sino actuar, así era mi hijo.

A: en muchas ocasiones recordamos el actuar médico anteponiendo el “hubiera”. ¿Te pasó?

C: No, siempre se me explicó todo, me pasó en otro sentido.

Gerardo siendo terminal ya no quiso recibir visitas de  amigos, dormíamos en el mismo cuarto, tuvo temor, me pedía que le diera la mano por las noches. Que me mantuviese cerca, así fue. Inclusive me llegué a acostar en el piso para darle el mayor espacio posible, ya que sus dolores eran muy intensos, aunque no lo mencionaba se veía el gesto al tocarlo, inclusive dejo de escribir por el dolor en sus manos.

A: ¿Hubo una despedida?

C: No le gustaba hablar de una condición que no fuera positiva, pensaba siempre en mí y me daba gusto. Me decía

–         “si me como tal cosa,  ¿me ayudará?”

–         Sí hijo, te ayudará

–         Ándale pues, dámelo.

Casualmente el teléfono del piso de arriba de descompuso, por lo que teníamos que bajar para contestar, eso fue bueno ya que él no quería recibir llamadas.

Cuando se deterioró y lo vi muy mal baje para llamarle al Doctor, colgando subí pero era tarde… Gerardo había muerto. Sí me despedí de él, pero en alguna forma no en vida, eso es muy doloroso, lo más doloroso que pude experimentar.

A: Mis respeto para ti. ¿Qué pasó después? Es decir la dinámica…

C: Mis hijos sepultaron con su hermano, los recuerdos de su enfermedad. No se hablaba de eso, cuando se tocaba el tema mi reacción era decirles no estén tristes él ya está bien, Alfonso cambiaba el tema. Cada persona reacciona diferente y esta fue nuestra reacción. Mi hija por su parte fungió como madre de David, de 6 años en ese entonces, aunque él a tan corta edad a su vez fungía como enfermero, era quien le llevaba las medicinas, lo acompañaba y caminaba en su espalda cuando Gerardo le pedía un masaje. Son los papeles que se asumen a lo largo de una enfermedad grave y/o mortal.

Tenía un compromiso con mi hijo pero al mismo tiempo un sentimiento de culpa “¿cómo iba a lucrar con la muerte de mi hijo?” descubrí la respuesta muchos años después: – No era así, es ayudar a otras personas que pasan por lo mismo en base a lo vivido a superar su dolor y su pérdida-

A: FELICIDADES…

C: Publiqué la primera edición del libro por mi cuenta  al año de su fallecimiento, se lo regalé a amigos y a la familia, se dio una secuencia y posteriormente la editorial.

A: ¿Pasados los años?

C: El sentimiento de pérdida que quedó guardado trajo otras pérdidas físicas aunque no graves y se sucedieron año con año con visitas al hospital para cirugías u otras circunstancias: engrosamiento de cuerdas vocales que impedían hablar a Gabriela, apendicitis de David, fisura de colón a Alfonso, hernia de Gustavo, apendicitis, mononucleosis y convulsiones de Israel, de ahí surgió la amistad con el Dr. René Bourlón a quien acudíamos siempre, a pesar de haber sido él quien nos dijera que la situación de Gerardo era terminal, lo veíamos en primera instancia, aunque fuera otro especialista quien llevara a cabo la cirugía. A mí, me quitan el útero y mi evolución no era buena, me sentía deprimida, mal. Súbitamente después de un intenso dolor de cabeza perdí el conocimiento, me llevaron de inmediato con René.

El diagnóstico no se hizo esperar, llamó al neurólogo, un tumor cerebral había provocado derrame, y era ésta hemorragia que ocupaba gran parte de mi cabeza, desplazando mi cerebro la que había provocado mi estado la última semana. Pasé unas horas en coma, estuve en terapia intensiva, el tumor fue extirpado con éxito y reviví la experiencia de Gerardo cuando estaba en el hospital, una experiencia de la que pude aprender varias lecciones, lecciones que dejaron huella, huella que plasmé en mi siguiente libro: “Más allá de la Enfermedad”

(5)

  • María Fernanda M. 3 febrero, 2014 - 1:13

    Antes de emitir mi comentario… Y la segunda parte?
    Cómo conseguimos los libros?
    Gracias

  • Confidentiam 3 febrero, 2014 - 1:15

    En esta semana sacamos la segunda parte
    Ya tenemos los datos para poder comprar los libros
    Valen la pena
    Saludos
    Le haremos llegar a Concepción sus comentarios
    Buena semana

  • Anónimo 11 marzo, 2014 - 1:22

    Gracias María Fernanda por tu interés,disculpa la tardanza de este comentario, no había tenido oportunidad de leer y agradecer la publicación de la entrevista. Estoy a tus órdenes en mas_alla_de@yahoo.com.mx o como Concepción González, en fb Bendiciones.
    .

  • Confidentiam 11 marzo, 2014 - 1:27

    Gracias Concepción, estamos al pendiente de su próxima publicación.
    Le recomendamos mucho un testimonio que publicaremos mañana: «La montaña Rusa»
    El testimonio de una hija

  • Concepción González Ochoa 11 marzo, 2014 - 1:31

    Hola Maria Fernanda M, disculpa mi comentario tardío, agradezco tu interés y me pongo a tus órdenes en mas_alla_de@yahoo.com.mx o en FB me contactas como Concepción González, Directora de Spacio Terapeútico Masallade. El libro «Una Nueva Vida» pede encontrarlo en el Sotano, Porrua o Ghandi,de los otros encuentra la liga para pedirlos por internet en http://www.cgonzalezlibrosdevida.com
    Bendiciones.

.