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EDICIÓN ESPECIAL: LA TRISTEZA

Normalmente no publicamos artículos en fin de semana. El día de ayer  recibimos una llamada de una persona que ha enfrentado una pérdida, no se encuentra bien, la melancolía  se ha apoderado de sus sentimientos, la soledad su única compañera, y una inmensa tristeza se ha convertido en su rutina de vida.

Le queremos dejar un fragmento de un gran libro para demostrarle que no está sola.

En un pasaje de su libro “Tragado por una víbora”, Tom Goleen nos entrega un relato acerca de un pueblo a la orilla de la selva. Era un lugar pacífico, pero tenía un gran problema: la boa constrictora. Esa boa no era como las serpientes que conocemos hoy en día, sino mucho más grande. Era de esos animales fuera de control, cuya crueldad sólo era superada por su apetito. La mayor parte del tiempo se alimentaba de otros animales pero, sin duda alguna, el alimento favorito de la boa eran los humanos. Las serpientes entraban al pueblo cuando querían y se comían lo que fuera a quienquiera que se le antojara. No había donde ocultarse de estas bestias.

Un día una mujer se puso a hablar sobre su dolor, estrechamente relacionado con la boa. Hablaba sobre sus dos hijos, que habían sido devorados por aquel animal, y se lamentaba por vivir en un ligar tan poco seguro. En voz alta se preguntaba si no habría quien pudiera acabar con el reino del terror de las serpientes. Su esperanza era que la gente del pueblo pudiera vivir en paz. Un hombre que tocaba maravillosamente una flauta escuchaba su pena y sufrimiento. Se puso a pensar en lo que la mujer había dicho, y decidió hacer algo al respecto. Empacó un costal con maíz y un pequeño cuchillo y salió a la selva. El hombre eligió cuidadosamente un lugar en la selva, y se sentó a tocar la flauta. Estaba consciente que la bestia se acercaba, pero continuó tocando. De repente, la serpiente lo atacó y se tragó al flautista de un solo bocado. La obscuridad dentro de la panza de la serpiente era total. El flautista se acomodó lo mejor que pudo, desempacó sus pertenencias y sacó el cuchillo. Uso su arma para ir cortando la panza de la serpiente poco apoco. La serpiente reacciono al terrible dolor. El flautista sabía que le iba a tomar un buen rato terminar la tarea de matar a aquella enorme serpiente. Cada vez que sentía hambre, le cortaba un pedazo de panza. Este afán duró un buen tiempo, y la boa sentía un profundo padecimiento. Por tal causa, la serpiente se aseguró de decir a todas sus amigas serpientes, que nunca volviesen a comer humanos, para no sentir las punzadas consecuentes. Después de un lapso, el flautista llegó al corazón de la boa, al cortarlo esta murió. Entonces el hombree salió de la serpiente y  volvió al pueblo mientras tocaba la flauta. Todos se sorprendieron al verlo y le preguntaron dónde había estado. El flautista les respondió que  había estado dentro de la boa. Y para demostrarlo les enseñó un pedazo del corazón de la serpiente. Entonces la gente supo que la serpiente estaba realmente muerta.

Este cuento es una parábola de la tristeza. Nos revela  que al entrar en un estado de desolación muchas veces puede ser semejante al ser devorado por una serpiente. Nos separamos de la vida cotidiana, sentimos que nuestra existencia está confinada y nos rodea el abatimiento igual que al flautista. Nuestro panorama se torna  obscuro como la panza de la serpiente. Esto es similar a la tristeza que se experimenta. A veces la angustia va ganado y se siente como la  vida tiene que adaptarse a la pena y devastación,  y no a los deseos o a las metas trazadas.

Sentimos que no hay salida, la desolación es nuestro destino por siempre. El personaje sabía que el camino era largo y se llevó el material necesario, se trazó un plan y lo llevo a cabo; hasta llegar a su objetivo. Así es la tristeza, en ocasiones dura mucho tiempo… ¿Cuánto? No lo sabemos.

Así es, hay que irla derrotando poco a poco. Al sentir la tristeza estamos cortando poco a poco este sentimiento. La serpiente llamada tristeza así funciona, es como  un panorama desolador y obscuro.  De continuar, la pena será entonces infinita. Mientras nos encontramos sumergidos en ella, hay que aprender a vivir de forma diferente. Es entonces cuando hallamos las herramientas necesarias que nos da la oportunidad de ir acabando con ella poco a poco.  Desde adentro se encontrarán las armas a nuestro alcance para salir hacia un nuevo panorama.

MUJER ALEGRE

Así es la tristeza, así es el duelo, y así es la superación.

Terminamos con una frase publicada en días recientes:

“El pavimento hacia el éxito está lleno de obstáculos”

EQUIPO CONFIDENTIAM

(1)

  • Anónimo 6 julio, 2014 - 17:54

    Lo leeré varias veces porque no se sí es por que no puedo o no quiero, pero no lo entiendo del todo… No se por dónde empezar, me haré a la tarea de entenderlo si algo cambia, escribiré.

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