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El adiós a un hijo | Confidentiam
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El adiós a un hijo

Hace no mucho tuvimos la fortuna de convivir con una familia que nos dejó muchas lecciones. Y es ahora un integrante de ésta quien pidió plasmar un testimonio.

¿Puedo darles algo para su página?

Con gusto, es un honor.

 

Hoy mi hijo está muriendo. En un inicio no quería decirle o explicarle nada con respecto a su enfermedad, lo manejamos como algo raro de inicio incierto, pero que con el tiempo iba a mejorar. Sí, pensé que iba a mejorar -o al menos eso quería-

Los cocteles (quimioterapias) eran para él, una serie de inyecciones de vitaminas con la finalidad de darle más ánimo y energía. Ese momento nunca llegó… sus defensas bajaron al cabo de 4 meses y 23 días. Ahora no sé por qué vemos, y contamos los momentos trágicos en la vida. Cuando en realidad debemos de contar los años, meses, días, horas, minutos y segundos de los mejores instantes compartidos.

Pensarán que estoy loco -y lo estuve- Hasta hoy pude entender que la vida es tan solo un momento, el más bello instante que se nos otorga para convivir. Así fue la vida de mi hijo. Nos llenó de alegría desde su nacimiento. Fueron muchos años, o pocos, no lo sé.

Durante una visita me preguntaba (reclamando a Dios) TAN POCOS AÑOS. Ese fue un lastre que cargué durante meses, era mi pensamiento al despertar y mi último pensamiento durante tantas noches de mal dormir y días de mal vivir y mal comer. La respuesta llegó en el momento menos esperado. Durante una visita el doctor mencionó que iba a verse con una Dra especialista en niños por un pequeño de tan solo 3 años. La imagen de un pequeño sin rostro impactaba mi pensar aún más, y la de sus padres… Bueno… ¿estarían mejor o peor que yo? No lo sé, nunca lo sabré. Pero esa fue una respuesta que al cabo de días me hizo ver mi panorama diferente. No soy el único que pasa esta situación, así lo veía, pero ahora lo visualizo de esta forma.

Reconozco que dentro de unos pocos días estaré devastado. Pero al recordar sus primeras palabras, sus primeros pasos… Serán sus pasos y sus palabras en donde encontraré el confort necesario para salir adelante.

Hace menos de un mes le dije la verdad. Con apoyo del Dr.  pudimos encontrar el momento y las palabras adecuadas para un niño de 10 años.

Su respuesta fue tan llena de sabiduría como el doctor nos explicó.

“Los niños son sabios, los niños terminales, aún más”

  • Ya lo sabía papá. No estés triste. Estamos juntos.
  • ¿Me perdonas?
  • Pa: siempre haces todo por mí. Ahora no tengo dolor, el monstruo está lejos y me siento bien.
  • Tal como te lo dijimos campeón, nunca estarás solo. Siempre estarás con nosotros. Y nosotros contigo.
  • Yo se pa, los quiero mucho, mucho, mucho. Además, si algo me pasa, ahora a mí me toca cuidarlos desde el cielo, tanto como ustedes me cuidaron a mí.

Con esta frase lo abracé por más de 20 minutos… se quedó dormido.

 

niño playa

Los dos días siguientes el actuaba normal, de verdad normal. Por un lado, yo me sentía con una loza menos, un reproche menos hacia mí y hacia mis seres queridos.  Sin embargo, mis pensamientos y mi vista no se separaron de mi hijo en las últimas dos semanas.

Ha habido momentos en los cuales quiero salir corriendo de casa, tomar un avión y largarme, lejos. Este sentimiento no lo había expresado en toda la enfermedad de mi hijo. Pero el amor puede más que un vano sentimiento de egoísmo.

Hace tres días mi pequeño ya no habla, se limita a recibir un poco de agua y alimentos líquidos, está prácticamente desvanecido todo el día. Su mirada traviesa se intercambió por unos ojos viendo hacia la nada.

El día de ayer la fiebre se apodero de un cuerpo ya mermado y tan  debilitado, pensé que era el final, sin embargo, y gracias a Dios no fue así. Fue cuando pude despedirme de él.

 

Continuará

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