Go to Top

El Huracán

¿Y volverán a escribir artículos que me sirvan? Pregunta formulada por una  seguidora que hasta hace poco se encontraba desconsolada por la pérdida de su mamá.

Durante los grandes huracanes que han causado daño a lo largo del territorio nacional -y para desgracia de muchos-  han presenciado, los huracanes se forman poco a poco, inician como tormentas tropicales, por efectos de frío-calor toman fuerza, hasta adquirir fuerzas inmensas y que al pasar arrasan con todo. Así es la naturaleza, así es la enfermedad, y así es la muerte.

Al recibir la noticia: Una enfermedad mortal, es comparable a una tormenta tropical toma fuerza y se convierte en un huracán a lo largo del tiempo. Finalmente se presenta el final de la vida. Quizá en las primeras horas-días con recursos “no sé de dónde”, salimos  adelante, se llevan a cabo los preparativos para un velorio y disposición del cuerpo o cenizas. Y pensamos que todo terminó. Así es, impera  una calma relativa, para muchos es el ojo del huracán. Aparentemente una historia llega a su fin.

Sin embargo aquí nace otro episodio de nuestras vidas: La recuperación.

Este componente en la vida del sobreviviente  nos recuerda la fragilidad del ser humano en cualquier sentido. El reincorporarse a las actividades diarias nos recuerda al difunto, los momentos de convivencia diaria, los defectos y las virtudes. ¿Es  normal? Sí.

Tal como sucede durante el ojo del huracán,  no se sabe si ya pasó lo peor o lo peor está por venir.

¿Se pueden prevenir estas situaciones? Así como el habitante en zona de huracanes puede reforzar su casa, comprar víveres y provisiones, la persona se puede asesorar y ponerse en manos de expertos.  Sin embargo el recuento de daños  de un huracán es perceptibles hasta el término del mismo.  Así es la recuperación tras la pérdida de un ser querido. No sabremos cuanto o donde  nos irá a afectar…  hasta que sucede.

En su libro “Déjalos ir con amor” la Dra. Nancy O´Connor menciona 4 etapas tras una pérdida:

huracán 2

  1. Ruptura de los antiguos hábitos. Secundario a la muerte (una separación obligada), los sentimientos fluctúan, van de la incredulidad, a la negación, los sentimientos vagan por el viento. Si la muerte es inesperada la conmoción física es mayor. Esta etapa va del momento de la muerte a las 8 semanas posteriores a la muerte.

La aceptación de la muerte es el punto clave, y al mismo tiempo la aceptación de haber hecho y dicho todo, como lo dice una persona muy admirada y paciente nuestra (www.confidentiam.com.mx/enfermedades-terminales/el-testimonio-de-beatriz ): No dejar cosas en el tintero. Reconocer el esfuerzo realizado, que se logró un final sin dolor, en paz y en compañía de los seres queridos, satisfacción por  haber hecho lo mejor,  es parte de la aceptación. Eliminar los «hubieras» de  la mente de nuestra amiga que hoy sufre. Lo anterior esperamos le sea útil en los días venideros.

  1. Inicio de la reconstrucción de la vida (8ª semana al año aprox) Se dan una serie de pequeños cambios en los patrones de vida,  se aterriza  la ausencia de la persona amada. Un lugar menos en la mesa a la hora de comer, sin que esto provoque una devastación es una señal de recuperación. Una sonrisa a lo largo del día es un claro ejemplo. Sin embargo suele presentarse llanto en un momento o en un lugar inesperado, lo que puede provocar angustia en la persona. La confusión suele ser frecuente en esta etapa.
  2. Búsqueda de nuevos objetivos (de los 12 a los 24 meses). Los momentos de llanto y angustia prácticamente son imperceptibles, hay un recuerdo, pero esto no afecta de sobremanera en las actividades. Los hábitos alimenticios y de sueño se han recuperado. Así mismo las actividades laborales y amistades. Salimos y nos divertimos. Los sueños no representan un lastre en la vida diaria.

Los amigos tienen un papel fundamental en esta y en las etapas anteriores.

  1. Terminación del reajuste. Se unen los antiguos y nuevos patrones de vida, el duelo se ha terminado. Puedes sentirte más ocupado por otros que en ti mismo. Te sentirás más fuerte y con ánimos renovados. Nos damos cuenta que podemos, y que hemos vencido una pérdida, estamos listos para enfrentar otras más quizá. Pero hemos descubierto un gran potencial que tenemos en nosotros mismos: El poder de la recuperación.

 

Para todos aquellos que se identifican con este sufrir, lo subsecuente a una  calma relativa, tenemos una gran noticia: La vida es como la naturaleza. Hay tormentas tropicales y enfermedades terribles pero que no llegan a ser huracanes.  Hay temporadas de huracanes, de pérdidas, pero no existe huracán que se estacione en un lugar, ni pérdida que nos cause devastación total  para toda la vida.

 

“A la persona amada que muere, nunca se le olvida, a veces se le extraña y siempre se le recuerda”

 

EQUIPO CONFIDENTIAM.

 

Lectura Recomendada: “Déjalos ir con amor”. Nancy O´Connor Editorial Trillas 2012.

 

 

 

.