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El Testimonio de Beatriz

En ocasiones nos preguntan el ¿cómo lo hacemos? ¿es importante comunicar la noticia a un paciente de edad avanzada?. En el presente testimonio encontrarán las respuestas.

Durante el mes de octubre  tuvimos la fortuna de conocer, tratar  y  apoyamos a una familia extraordinaria.

Beatriz: Hija, esposa y madre es quién nos solicitó plasmar su testimonio.

Es ella –con la finalidad de ayudar a otros en  un momento similar-,  quien nos deja hoy su testimonio, ensayo que  agradecemos que comparta con nuestros seguidores.

Mi nombre es Beatriz y quiero compartir mi experiencia sobre la partida de mi madre.

Al pensar en ella, mi corazón se llena de amor y gratitud, toda mi vida la he amado. Pero nunca pude decírselo abiertamente, hasta que supe de próxima partida.

Mi mamá tenía 77 años, fue  padre y  madre ya que quedo viuda con dos hijas pequeñas (de meses)  y no volvió a casarse. Nos alimentó, vistió y nos dio educación profesional. Literalmente dedicó su vida a sus hijas.

Desgraciadamente hace once años perdimos a mi hermana menor por la misma causa, un fuerte golpe para ella, quedó a cargo de los  cuidados de mis sobrinos y al pendiente de su yerno.

Hace cuatro años mi cuñado se casó de nuevo por lo que ella vino del interior  a formar parte de mi familia, durante ese tiempo -como su costumbre- nos dio lo mejor de ella, se integró… su amor incondicional, que se reflejaba en todos sus pensamientos y acciones….Mi madre tan noble y sencilla.

Todo inició con el diagnóstico dado por los médicos: «Cáncer de páncreas”

Cuando supimos de su enfermedad, fue como si el piso se abriera bajo mis pies y me fuera con él a un sitio sin fondo. Lloré y tuve miedo. ¿Cuál era mi pronóstico ante un panorama desolador y  sin esperanza?

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¿Qué iba a hacer?  ¿Cómo iba a lastimarla con esa noticia?  ¿Qué iba a decirles a mis sobrinos, a mis hijos?  Muchas emociones y sentimientos en un solo instante.

Ni el médico oncólogo se atrevió a mirarla y darle el diagnóstico en un momento planeado para ese fin.

Acudimos nuevamente con el Doctor, en  una reunión en el consultorio se comunicó el diagnóstico. Ella no reaccionó de inmediato, fue como si no estuviera escuchando las opciones de tratamientos,  quimioterapia, etc. Sólo se escuchaban las palabras en el aire, no con la razón y el corazón. Después de un rato solo dijo: “voy a luchar… si el tratamiento puede servir y mi hija está de acuerdo,  adelante”. Pero sus palabras no reflejaban nada hasta más tarde.

Fue así como empezó su tratamiento de quimioterapia el cual no tuvo los resultados esperados, se estaba perdiendo todo.  Una vez más no sabía cómo comunicar  que ya no había esperanza.

Fue entonces que una de las doctoras que atendía a mi mamá en el manejo del dolor, nos comentó que había una empresa cuya especialidad era ayudar y dar orientación al enfermo terminal y a su familia, brindando un apoyo integral compuesto por especialistas, que podían brindarle a mi mamá una mejor calidad de vida. Finalmente eso deseábamos para ella.

Fuimos un domingo a una cita con uno de sus asesores, nos explicó la filosofía de la empresa y coincidimos en un punto muy importante: Proporcionar  una mejor calidad de vida a mi madre.

Fue así como comenzamos realmente a comprender que estaba sucediendo y lo más importante: el camino que se avecinaba,  lo que teníamos qué hacer y cómo hacerlo.

En primer lugar tenía que hablar con ella,  decirle que el tratamiento no había funcionado, el Doctor  me dio la confianza y el apoyo necesario -lo que necesitaba- sugiriéndome cómo abordar el tema.

A partir de ese momento  nos fue guiando durante el desarrollo de la enfermedad, sobre todo mi mamá fue decidiendo que quería hacer, pudo expresar lo que deseaba y que le preocupaba.

La familia más cercana, los míos  y mi cuñado con su esposa y mis sobrinos, empezamos a darle lo mejor de nosotros, comenzamos a despedirnos, a abrazarla con más frecuencia, a darle las gracias, a decirle cuanto la queríamos y que íbamos a extrañarla, a pedir perdón, a decirle lo siento, etc.

En un principio ella no quiso que la familia de fuera (la de provincia) se enterará «para que preocuparlos” decía. Al poco tiempo me dijo «quiero que hables con el resto de la familia y les digas que estoy enferma y qué es lo que tengo».

Sin cuestionar, lo hice, en los dos últimos meses de vida de mi madre, mi casa estuvo con mucha actividad, iban y venían primos, tíos, sobrinos y amistades… todos  acudieron  a despedirse…a hablar.

En esta fase conocí mejor a mi mamá a través de los demás.  Ella se dio cuenta de lo querida y valorada que era por todos los visitantes, conversamos de muchas cosas.

Todos aprendimos una lección de vida, nos expresamos con el  corazón, crecimos como personas. Nada quedo en el tintero. Estoy segura que los «hubiera» en mi familia con ella no existen. En cambio, nos quedamos con una plegaria  en silencio…  «gracias Dios por esta oportunidad»

El día de su partida, el Dr. nos dijo que moriría  en las próximas horas, que era la última oportunidad para  nosotros…   podíamos permanecer con ella y así fue, mi madre  se fue sin dolor y rodeada de mucho amor.

Les damos las gracias a todas y a cada una de las personas que estuvieron asesorándonos durante el proceso, quienes coadyuvaron a que todo el proceso de la enfermedad de mi madre fuera menos difícil y doloroso.

Toda la familia estamos agradecidos por habernos tomado de la  mano en todo momento, el final de un camino difícil de recorrer se volvió cálido, digno y lleno de esperanza.

Mi madre tuvo lo mejor.

Si me preguntan: ¿cómo estoy? Me encuentro en  paz, extrañándola y triste por su ausencia, pero al mismo tiempo satisfecha.

Para fortuna de Confidentiam y su equipo de colaboradores, esta familia es un reflejo del amor, de la unión, y de colaboración. Fue un honor poder participar en momentos difíciles para ellos y conducir  este proceso en algo más llevadero.

¡Gracias Beatriz! por su hermosa narración. Para eso estamos y para eso nos preparamos.

(1)

  • Anónimo 8 diciembre, 2013 - 11:26

    Mis respetos para Beatriz y el equipo a cargo.
    Les deseo paz y sanación
    Carmen r.

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