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La sobremesa

Al ver llegar a toda prisa  a uno de  nuestros médicos por algo de equipo le preguntamos sobre el estado de salud de S.

E: ¿Cómo está S.?

A: Mejor.

E: ¿me dijiste otra cosa hace poco?

A: Mejor, ha dejado de pedir una eutanasia, se esté despidiendo de todos y cada uno de sus familiares, y mira que son muchos. Ha elaborado una carta de despedida, ya la leí es breve y muy emotiva. Además les irá bien.

E: ¿Por qué  tan seguro?

A: Porque hacen sobremesa.

E: Me perdí…

A: Es más sencillo de lo que parece.

Cuando llego, siempre están en la sobremesa, cada vez hay diferentes familiares, es una familia muy grande, y siempre están en la sobremesa.

E: Te sigo….

A: Es muy sencillo, la sobremesa, al margen de cualquier religión, es quizá el único momento del día para  convivir en familia, son minutos de unión y de plática, en resumen, en nuestra cultura se traduce en  un momento de amor en familia.

Cuantas veces comes sin comer, se hace una pausa de 5 minutos para “comer” y seguir trabajando, comemos parados en la calle sin darnos un minuto para pensar o sentir, mucho menos para convivir. De esto se trata… y ellos hacen sobremesa.

No quiero decir que si pierdes a un ser querido y no haces sobremesa en familia te va a ir mal, y eso quiero que te quede muy claro.

Mi mensaje es que la unión en  familia es útil ante la pérdida de un ser querido, la recuperación será más llevadera, porque hay mayor comunicación entre ustedes.

¿Si me explico?

E: Si, pero ¿cómo te das cuentas de esos detalles?

A: Después de 4 visitas de 5,  llegas y están en la sobremesa, es un momento importante para ellos. No lo saben de fondo pero es una ayuda que se descubre al vivirla en carne propia.

Pasados unos días lo vimos nuevamente y nos quedó la intriga. Cuando regresó el equipo era evidente que la historia había llegado a su fin.

 

E: ¿Nos puedes contar cómo te fue?

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A: Muy bien, los dolores fueron en aumento, pero eran soportables, se aumentaron las dosis de analgésicos y hablé con ella:

“Tal como te lo expliqué no vine a curarte, tampoco vine a terminar con tu vida. Vine a ayudarte. Llegó el momento de aumentar los analgésicos.

Ha pasado más de una semana desde  que me pediste una eutanasia, y han pasado muchas cosas. Yo por mi parte he visto una serie de comidas y de visitas que en pocas casas me han tocado. Tienes una familia muy grande. Te has despedido de todos y leí tu carta. Creo que pudiste cerrar círculos, y les diste la oportunidad a todos  -o casi todos-  de despedirse de ti.

Los que no estaban listos para dejar de verte, ahora lo están. Son una gran familia y todos tus hijos y esposo estarán contigo, y yo estaré con ellos.

Lo cumplí, y al aumentar los analgésicos los periodos de lucidez son menores, la cara era diferente. El dolor se había ido y la paz había llegado. También en la familia, el sufrimiento se esfumó y cierta tranquilidad se hizo presente.

Las futuras sobremesas serán tristes y dolorosas, pero en familia, acompañados. Y eso les ayudará a salir adelante. Son una gran familia y estarán recuperados antes de lo que creen.

Tal como lo pidió: La recordaremos como era ella antes de enfermar.

Me adelanto a tu próxima pregunta: ¿Qué si estoy triste?  ¿que si no me afecta?

Cuando quitas el dolor, cuando se logran cambios hacia lo positivo, cuando presenciamos el morir de un enfermo sin dolor, con paz, rodeado de sus seres queridos nos inunda una paz profunda, un sentimiento que se sobrepone a la tristeza.

Cada enfermo deja una lección y una huella. Por ende  son ellos… los maestros que  dan lecciones de vida, testimonios que no olvidamos. Se tornan en el motor que nos da la fuerza para seguir ayudando a otros pacientes, a otras familias.

E: Una última pregunta: ¿cómo le haces para no encariñarte?

A: ¿Cómo le harías tú para no encariñarte?… claro que a cada uno le tenemos un aprecio único, sabemos que son terminales, y por eso los disfrutamos al máximo, inclusive nos despedimos de ellos en su momento, el día que deje de sentir un cariño especial por alguno de ellos, se bajaría el telón de esta historia.

A cada uno lo recordamos con una sonrisa en la boca, porque eso, por dejar una huella, una lección y un testimonio. En este caso: La importancia de la familia, la importancia de una sobremesa.

E: Gracias por compartir esta experiencia.

A: A ustedes.

 

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