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Lazos | Confidentiam
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Lazos

Hoy nos despedimos de un joven sin igual. Le pedimos a su médico a cargo nos escribiera día a día para mantenernos informados de la historia que inicio hace tres meses. Testimonio que decidimos subir de inmediato.

A escasos meses de su muerte un R., un joven de 18 años me preguntó “El por qué”.

Estaba –y con justa razón- muy enojado por su enfermedad, tanto por vivir, tanto por aprender, con sus propias palabras: “Enfermo de cáncer y a ésta edad… Pierdo todo, Dios es injusto”.

Así permanecí a su lado por unos minutos, escuchando todo su sentir y su enojo. Sin embargo no había dolor, solamente el dolor interior para el cual no hay medicamentos, síntoma que emerge del alma y  que provoca furia contra todo y todos.

Presento a continuación los fragmentos más relevantes de la evolución de este caso: un testimonio del cambio logrado en la conducta. Un paso hacia la aceptación.

– Me encontré algo que te va a interesar.

– ¿A si?  ¿Me vas a curar? (risa sarcástica)

– No, y eso ya lo habíamos hablado, te voy a explicar por qué unos mueren y otros no. Quizá es la respuesta a tu pregunta.

– Dime.

– Lo encontré en un libro, es sólo un fragmento para no aburrirte. El fragmento se llama Lazos.

Estando en su casa un adulto recibió la visita de la muerte, le anunció que venía por su hijo, que era inevitable y se lo llevaría. El señor decidió no comunicárselo a su hijo, estaba desolado. Lo único que pensó fue evitar que su hijo saliera de casa durante aquel día con la finalidad de protegerlo, le prohibió ver a su novia y a sus amigos.

El joven por su parte era creyente y disfrutaba ir a la iglesia a rezar los sábados por la tarde. Aquella tarde sin decir ni una palabra  por la ventana de su habitación, salió de su casa y llegó a la iglesia. Estaba parado frente a una imagen, cuando la muerte lanzo su lazo para tomarlo y llevárselo con  él. En ese mismo segundo el joven se inclinó para rezar, por lo que el lazo de la muerte tiró unas veladoras, causando un desastre en la iglesia. El joven se quedó paralizado, no sabía lo que estaba pasando.

Dios hizo su aparición, y con todo su poder sacó a la muerte de su templo, le reprocho el haberse presentado y destruir todo aquello.

Salió sin el joven, quien se fue a casa a contarle a su familia lo sucedido”.

Como verás así es la muerte, así es Dios. Él no tiene que ver en tu enfermedad, pero puede ser un vector para encontrar muchas respuestas, es, sin duda, un principio y será el fin de todos nosotros.

– (Llanto y sollozos) No te vallas, cuéntame más de la muerte, quiero saberlo todo.

– No me voy.

Los jóvenes son demandantes, aferrados a ideales, cuando se encuentran en etapa terminal aumentan sus demandas y exigencias hacia el cuerpo médico. Por tal motivo en una ocasión le dije:

– R. déjate de preguntas y acompáñame a ver a un niño, a ver si tú lo puedes ayudar. ¿vienes?

– Si.

Con el consentimiento de los padres lo lleve a ver a un niño con leucemia en fase terminal.

Se subió al coche y le dije:

– Ponte el cinturón.

– De todas formas me voy a morir.

– Si, yo también, pero es mi coche, son mis reglas, ponte el cinturón (parecía que el me examinaba a cada rato).

Llegamos a la casa de H. R. entró sin dudarlo, soltó una risa y le dijo:

– Mira no soy el único pelón…

– Cállate, no le gusta que le digan pelón.

– ¿Quieres que le diga “greñas” o peludo?

– Si continuas así nos vamos

– Vete tú, yo me quedo con greñas

El niño sólo miraba, al principio asustado,  soltó una risa franca, dejando ver una dentadura  afectada por la quimioterapia. Y me dijo

– Alex: quiero hablar con él. ¿te importa?

Salí de la habitación como niño regañado… Una semana y no logré lo que hizo R. en 15 segundos. R. salió de la sala  media hora más tarde, solamente me dijo: -¿Quién sigue?

– Tú sigues, vamos por un helado y a tu casa. Y ni me digas que le dijiste. No quiero saberlo. Gracias por venir.

– De nada Pinche Doc…

Así se creamos otro tipo de lazo… Estuve al pendiente de su evolución y de sus síntomas. Le expliqué (o traté de hacerlo), todo lo leído y lo aprendido en el camino de los pacientes terminales. Nos convertimos en amigos. Me enseñó mucho más de lo que sabía hasta ese momento. Comprendió que el alma es tan importante como el cuerpo.

Hoy por la madrugada siendo  moribundo me dijo:

– Leí el libro que dejaste. Ya lo vi. “Cuando te acerques a la eternidad no sentirás estar vivo ni muerto, no serás masculino ni femenino… un momento durará lo mismo que un siglo y el pasado se mezclará con el porvenir… La eternidad me dará más libertad de la que puedo entender… La ausencia de seres amados no importa, encontrarás y experimentarás el verdadero amor”

Sabes algo “pinche doc” (apodo que me hacía reír cada vez que lo decía). Siento que he experimentado todo, ahora estoy listo, aprenderé cosas que ni tu sabes (risa)…

– (nudo en la garganta). El libro lo deje para ver si te gustaba. ¿te lo quieres llevar contigo?

– Si

Le di un beso en la frente, le dije todo mi sentir, que de una u otra forma iba a seguir aprendiendo de él. Murió esta madrugada. Se llevó el libro con él. Hoy  me quedé una foto, su recuerdo y sus lecciones.

Al llenar el certificado médico de defunción pedí autorización a los papás para poder dejar el libro dentro del ataúd, accedieron de inmediato. Solamente pensé: Misión y deseo cumplido.

Así,  más o menos son los jóvenes moribundos, entienden y comprenden TODO.

Cuando hablamos con la verdad, cuando se encuentra un motivo y un gusto, mitigando el dolor, quitando los síntomas asociados a la enfermedad, despejando dudas, podemos ayudarlos, de una o de otra forma,  siempre encuentran la paz.

(7)

  • Anónimo 13 diciembre, 2013 - 12:59

    No pensé que el final dejara tantas lecciones
    Felicidades por su actuar

  • Jimena 13 diciembre, 2013 - 13:22

    Maravillosa historia, gracias por compartir y enseñarme un poco mas. Es maravilloso a verte encontrado Alejandro.

  • Confidentiam 13 diciembre, 2013 - 13:27

    Gracias por su comentario, ya se lo hicimos llegar
    Y responde
    «Gracias a ella por su testimonio de amor y valor por la vida»
    Saludos

  • Eusebio Velázquez corona 14 diciembre, 2013 - 6:27

    Lo leo y lo releo y veo en el «una lección de vida»

  • Confidentiam 14 diciembre, 2013 - 8:49

    En efecto Eusebio, es una lección más que un artículo
    Gracias por el comentario

  • Willy 16 diciembre, 2013 - 21:55

    Me ha gustado mucho esta lección, tan humana y cercana. Gracias por compartirla.

  • Confidentiam 17 diciembre, 2013 - 0:52

    Gracias Willy
    Sin duda fue una lección para todos nosotros
    Buena semana

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